Comienza la mañana con esa danza de amarillos y ocre.
Tan musicales, tan bailarina al caer.
Las veo a través de la ventana, un tapiz de crujientess hoja cubre el jardín de verdes.
Un leve viento las aproxima, como si un sin fin de ancianos se juntaran a contar historias.
Algunas se levantan orondas, otras se inclinan reverentes, algunas se hamacan envolviendose con la brisa, mientras todas van llegando, chillonas vociferan, tras sentirse arrinconadas y aplastadas.
Sí, camino descalza, con mis pies huesudos y blanquecinos, pisando hojas.
MP